Ya sé que le debo un pescadito a Rojo, pero como esta semana las cosas se complicaron y no jugamos me dio por hacer una de esas cosillas que los entendidos deben llamar “Delicateseen”, porque después comprobé que estaba para chuparse los dedos, así que allá va un POLLO CON LANGOSTINOS:
Dorar en una cazuela con un poco de aceite el pollo troceado y luego añadir 2 ó 3 cucharadas de tomate natural triturado.
Mientras tanto ponemos en una sartén una cebolla bien troceada para rehogarla con un poquito de aceite. Luego echamos los langostinos (mejor descongelados) a los que previamente les habremos cortado las cabezas. Esperar a que vayan poniéndose rojos.
En un cazo pequeño ponemos una copa de coñac y la calentamos sin que llegue a hervir. Cogemos un poco en una cuchara y le acercamos una cerilla o mechero para flambear todo el coñac y echarlo ardiendo sobre la sartén con los langostinos (importante no flambear con la campana extractora encendida, pues la llama puede ascender).
Cuando se apague la llama echarlo todo a la cazuela del pollo, añadir un vaso de vino blanco, un poco de sal, una pastilla de caldo de pollo o carne y cocer durante 45 minutos o una hora a fuego lento (añadir agua si se necesita).
Os puedo asegurar que está de rechupete, llevas menos trabajo del que pueda parecer y flambear es sencillo, aunque para los que no lo hayan hecho nunca les parezca complicado, así que ánimo y a intentarlo.
Le quiero dedicar esta receta a Silvia, que estos días andas estresadísima con los exámenes y necesita airearse un poquito, así que no olvides que los que te queremos estamos ahí para lo bueno y para lo malo. Un beso cielo.
Juanjo Moro
Un rincón para mis inquietudes, mis pasiones, algunos de los mejores recuerdos y esas cosillas que a veces necesitas compartir con los demás.
Las habas de la abuela
Arranca aquí una sección que probablemente sea, cuando menos, atípica, pero como muchas cosas en la vida están entrelazadas y cada uno tiene el derecho a tener más de un hobby, pues voy a intentar unir dos de mis aficiones favoritas: el baloncesto y la cocina.

El desarrollo del partido de la jornada pasada (U. León – U. Valladolid) me da pie a introducir un concepto muy famoso en la cocina. Dicen las abuelas que uno de los secretos de preparar unas buenas habas radica en “ASUSTARLAS”; se trata de esperar a que hiervan y, justo en ese momento, añadir un poco de agua fría para cortar la cocción y que esta empiece de nuevo (dicen que con ello las habas no pierden las pieles y quedan luego en su justo punto).
Pues bien, tengo el honor de pertenecer a un equipo al que ese concepto, baloncestísticamente hablando claro, se le da de muerte: están en el partido, parece que lo llevan controlado, y en el momento que menos te lo esperas fallan tres bandejas, regalan tres pases al equipo contrario o se ponen a recoger perejil en el lado débil. Consecuencia, las rivales se escapan, a mi me echan un jarro de agua fría (de ahí lo de las habas) y se quedan tan anchas. Tengo que decir en su defensa que según la teoría de Silvi, hacen todo lo posible para mantener en vilo al espectador, para darle emoción al partido, y porque no, para parecernos al Atleti, sufriendo hasta el último momento. A nosotros, como al susodicho equipo de fútbol no nos pega ganar por goleada.
El caso es que por ahora tendré que darme por contento con que me “ASUSTEN” con tal de que el guiso salga como tiene que salir.
Esta semana jugamos contra Segovia. Espero que todo salga como debe y pueda dedicarle mi siguiente receta a Rojo (compañero del equipo de la ULE), ya que el chaval me requiere en relación a los pescados. Me gustaría hablar de los saltarines salmones o las escurridizas truchas más que de las merluzas o la empanada de bonito: ¿en mano de quién está? Por supuesto en las de mis jugadoras, como todo.
Hasta pronto.

El desarrollo del partido de la jornada pasada (U. León – U. Valladolid) me da pie a introducir un concepto muy famoso en la cocina. Dicen las abuelas que uno de los secretos de preparar unas buenas habas radica en “ASUSTARLAS”; se trata de esperar a que hiervan y, justo en ese momento, añadir un poco de agua fría para cortar la cocción y que esta empiece de nuevo (dicen que con ello las habas no pierden las pieles y quedan luego en su justo punto).
Pues bien, tengo el honor de pertenecer a un equipo al que ese concepto, baloncestísticamente hablando claro, se le da de muerte: están en el partido, parece que lo llevan controlado, y en el momento que menos te lo esperas fallan tres bandejas, regalan tres pases al equipo contrario o se ponen a recoger perejil en el lado débil. Consecuencia, las rivales se escapan, a mi me echan un jarro de agua fría (de ahí lo de las habas) y se quedan tan anchas. Tengo que decir en su defensa que según la teoría de Silvi, hacen todo lo posible para mantener en vilo al espectador, para darle emoción al partido, y porque no, para parecernos al Atleti, sufriendo hasta el último momento. A nosotros, como al susodicho equipo de fútbol no nos pega ganar por goleada.
El caso es que por ahora tendré que darme por contento con que me “ASUSTEN” con tal de que el guiso salga como tiene que salir.
Esta semana jugamos contra Segovia. Espero que todo salga como debe y pueda dedicarle mi siguiente receta a Rojo (compañero del equipo de la ULE), ya que el chaval me requiere en relación a los pescados. Me gustaría hablar de los saltarines salmones o las escurridizas truchas más que de las merluzas o la empanada de bonito: ¿en mano de quién está? Por supuesto en las de mis jugadoras, como todo.
Hasta pronto.
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