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Mi hijo

 

Un hijo es un motor de vida
El combustible de cada día
El arranque de la mañana

Solo lo sabe quien lo tiene
Solo lo llora quien lo ama
Solo lo adora quien lo vive

Vendrán tiempos complicados
Pero él será la motivación
Habrá momentos maravillosos
Pero no lo serán sin él
Tendrás recuerdos imborrables
Y será tu hijo el protagonista

Todo es frío en su ausencia
Nada falta con su sonrisa
Todo sobra con su abrazo


Hoy es tu día
Ese que celebramos
El que cambió la vida

Qué bonito detalle tuyo
Ese de existir, Iván



Vamos al pediatra (o al Club de la Comedia)


Como ya sabréis mi peque cumplió hace poco los dos años, y, como es preceptivo, hubo que hacerle un reconocimiento médico.

Para los que no tengan niños de esa edad voy a detallar brevemente como es la zona infantil de un Centro de Salud. Las paredes están decoradas con fotos de niños y niñas de esos de los casting, aunque parecen más bien de épocas pasadas ya que no se ve ninguno tipo “Benetton”, es decir, que refleje la realidad sociocultural de nuestros días (espero que se me entienda).

Todos los carteles anuncian campañas de vacunaciones, recomendaciones varias para el cuidado de los más pequeños, y, por supuesto, no falta el de no utilizar el teléfono móvil (esto último debe de ser sólo para los usuarios, las enfermeras y médicos pueden usarlo siempre que quieran).

El mobiliario alterna las típicas bancadas para adultos con varios asientos, con mesas y sillas liliputienses en diversos colores, en las que por supuesto ningún niño para más de un segundo.
A la hora de la consulta hay que sumarle el IVA, es decir, si tienes cita para las 11, calcúlale un 18 o un 20% más tarde, cosa que además no puedes desgravar. 

Cuando llega tu hora (es un decir) la enfermera sale a la puerta y dice el nombre del paciente. Entras en la consulta y notas que te entran unos sudores repentinos, ¿será la menopausia? ¡Ah no!, es que tienen la calefacción a 30 grados y un aparato echando aire caliente como para derretir a Lucifer. Digo yo que está bien que haya calorcito, que normalmente desnudas al peque para la revisión, pero vamos, que en casa no les ponemos en el horno del pan para cambiarles el pañal.  
Una vez pasado el mal trago inicial, y, cuando ya te empiezas a sentir como en la sauna, debes contestar a un cuestionario de lo más peculiar: que si sabe el peque quién es mamá y quién es papá (¿alguien sabe con certeza esto último?), que si reconoce a la familia en las fotos (a veces a mi me cuesta un…), que si entiende dos órdenes consecutivas (lo de entender, puede ser, pero lo de obedecerlas ¿se ha dado el caso de que alguien lo haya hecho?), y otras preguntas que darían para un monólogo entero del Club de la Comedia.

Posteriormente empiezan a hacerle judiadas a tu hijo: que si el palo en la boca, que si estirarle las piernas, medirle la cabeza y demás rutinas. El momento estelar es cuando… –cómo explicaría yo esto- la doctora le tira del pene hacia atrás hasta que el grito lo oyen los abuelos desde Villaquilambre. ¡Ay qué daño! No puedo evitar cruzar las piernas sólo de pensarlo. Lo más triste es que cuando sea mayor le tendré que recordar que no le gustaba nada que le tocara una mujer en ciertas partes, claro que él me contestará que “hay formas y formas”, ¿verdad?  
Una vez superada la ITV y con fecha de próxima revisión cuando cumpla 4 años ¿? (durante ese tiempo mi coche ganará como el Barsa, Revisiones Coche 3 – Revisiones Iván 0), nos despedimos de esas amables y destempladas profesionales (con la temperatura que hace en la habitación llevan jersey y bata blanca encima ¡xD!), no sin que antes nos den un folio con las recomendaciones para estos próximos dos años. Las hay más o menos normales: que coma de todo un poco, que no lo haga entre horas (comer), que vaya sólo al baño (pero ¿no quedamos en que p… española nunca mea sola?), que pongamos los medicamentos lejos de su alcance, los cuchillos también y, os prometo que es cierto, que tengamos las armas de fuego bajo llave. 

Así que cuando llegué a casa escondí todos los mecheros (son las únicas armas de fuego que se usan en mi familia), guardé las drogas duras bajo llave (básicamente la Nocilla y el café que nos trajo tío Enrique de Brasil) y tras comprobar que Candy reconocía a mi familia en las fotos (menos mal que no hizo lo mismo ella sobre la suya), le pregunté si sabía quién era la mamá y quién el papá de Iván.

La respuesta no os la voy a decir, eso sí, desde hoy quito el butano y me paso a Gas Natural.

Ya os diré más.

Descubriendo el mundo

Ya casi tenemos año y medio, y con cada día amanece un cúmulo de experiencias, de nuevas sensaciones, de objetos que por simples que parezcan son todo un reto para un pequeño aventurero.
Parece increible el juego que da una simple bolsa de jumpers, un balón o unas piezas viejas de plástico, por no hablar de las pinzas o cualquier tipo de producto que salga de ese mágico cajón del cuarto de baño.
Y así, poco a poco, pasan los agotadores días, cada vez andando con pasos más firmes, cayendo, levantando, chillando y cogiendo unos cabreos tremendos cuando las cosas no salen como deben.

Llega la noche y el cansancio nos invade a todos; a los que son bebés y los que velan porque un día más sólo haya habido sustos, sin que los lloros pasen a mayores.

Sus primeros pasos.

Iván ya tiene 15 meses, y ha decidido que este es un buen momento para ponerse a andar él solito, así que, dejando a un lado el andador en forma de nave espacial que a tantos sitios le ha llevado, ha puesto los pies en el suelo, ha sacado fuerzas para endurecer sus pequeñas piernas, para ponerlas en tensión y hacer que le lleven donde su ya ferrea voluntad decide.
Los primeros pasos no han sido fáciles; a mi la verdad me recordaban a alguno volviendo del Húmedo a horas de poca luz. Pero lo importante no era lo rectilíneo del camino, sino el camino en sí, ese que ha empezado en estos días, ese que (espero y deseo) le lleve tan lejos como su espíritu y su tenacidad quieran.

Enhorabuena Iván. Hay bebés que comienzan antes a caminar, otros empezarán más tarde. Pronto comprenderás que es más importante la seguridad en hacer algo, en sentirte capaz, el conquistar pequeñas metas sin descanso, que el aventurarse sin estar preparado, dando un paso sin haber consolidado el anterior.
Pero bueno, esto por ahora es demasiado ¿verdad bebé?. Ahora es momento de reirse con los Lunnis, de ayudar a Dora la exploradora
a sacar el mapa de su mochila, y, sobre todo, de levantarse una y otra vez, porque ni te imaginas las veces que vas a tener que hacerlo después de caer.
Te quiero mucho, pequeñín.

Y parece que fue ayer

Parece que fue ayer, como se suele decir, pero ya hace un año que nació mi peque IVÁN. Se nos ha pasado muy rápido, sobre todo estos últimos meses, en los que duerme como un lirón y es supergracioso y juguetón todo el día.
No siempre fue así, los primeros meses fueron una tortura. No había forma de dormir más de tres o cuatro horas seguidas, tenía la piel siempre brotada, se rascaba o arañaba cada poco, y lo de descansar era una experiencia desconocida.

Ahora, echando la vista atrás, vemos como ha ido cambiando y como no se parece en nada al bebé que apareció en nuestras vidas el 29 de diciembre de 2008. Llegó para cambiárnoslas, para hacernos más responsables (eso dicen), para poner a un pequeño siempre por delante de otras "grandes" cosas, para dormir poco o preocuparnos por más cosas que el trabajo y el euribor, pero, sobre todo, para hacernos más felices y disfrutar de cosas que antes ni imaginábamos.
Felicidades Iván, felicidades HIJO.