Maripositas


Esta noche estoy nervioso pero me apetece escribir.

Lo estoy porque tú seguramente lo estás.

Porque compartimos *maripositas* en nuestros estómagos.

Porque hemos roto con sinceridad la barrera de la timidez.

Porque nos gustamos y ahora lo sabe también el otro.


Todos los comienzos dan un poquito de miedo.

Miedo a lo desconocido.

A exponerse de nuevo.

A sentir desde un corazón oxidado.

A comenzar algo que no sabes ni cómo ni a dónde te va a llevar.


No existe receta mágica.

No hay "almax" que apacigüe las mariposas.

Solo hay un camino por delante. Y lo quieres caminar cogido de una mano que deseas tener a tu lado, pero que aún no sabes si sabrá soltarte, si tirará de ti en exceso, si se dejará llevar...


Todos son preguntas, todos son dudas.

Benditas dudas, las prefiero a veces.

Ya sé a dónde han llevado las certezas a muchos.


Levitando


Se acerca como en patines, en una mezcla de deslizamiento y levitación.
Parece que camina a veinte centímetros del suelo, como las diosas,
flotando a otro nivel que el del resto de mortales.
Lleva la elegancia como otros respiramos,
de una forma tan natural que insulta a los que envidiamos tal cualidad.

Ella no se da cuenta, como cuando respiras, no lo piensas, te sale solo; así es ella.
De su mirada, de la profundidad de sus ojos, podría escribir una trilogía.
Mezcla de ingenuidad y atrevimiento,
mostrando una ventana a un mundo que se me antoja apasionante.

De sus labios solo puedo pensar en cómo será su sabor, con ese compendio de sensualidad y ternura.
Una boca que baila al compás que marcan sus ojos, que te atrapa entre sus palabras,
que te traslada a un lugar del que no quieres marchar.

No sale de mi cabeza...y solo la imagino.
Si también la sintiera no sé lo que podría escribir.

Mi hijo

 

Un hijo es un motor de vida
El combustible de cada día
El arranque de la mañana

Solo lo sabe quien lo tiene
Solo lo llora quien lo ama
Solo lo adora quien lo vive

Vendrán tiempos complicados
Pero él será la motivación
Habrá momentos maravillosos
Pero no lo serán sin él
Tendrás recuerdos imborrables
Y será tu hijo el protagonista

Todo es frío en su ausencia
Nada falta con su sonrisa
Todo sobra con su abrazo


Hoy es tu día
Ese que celebramos
El que cambió la vida

Qué bonito detalle tuyo
Ese de existir, Iván



Portavoz, entrenador o cocinero

Sabéis que siempre me gusta hacer referencia a la palabra EQUIPO y, en cierta medida hemos desarrollado ese concepto en nuestro Círculo, pero yo no hice más que ponerle nombre a lo que somos, a lo que hacemos y, sobre todo, a como lo hacemos.

Hoy voy a usar otro concepto, voy a quitarme el disfraz de entrenador y me voy a poner el de cocinero.

El entrenador tiene la tarea de colocar, dosificar, motivar y mejorar a las piezas del tablero, pero el mérito, el trabajo, la ejecución, la mejora y la victoria solo está en la mano de esas piezas.

Lucas Mondelo me dijo una vez: “Por mucho que entrenes a un pato, solo conseguirás un pato bien entrenado”

Al cocinero le pasa algo similar. Él, por si mismo, no es nada. Es más, es capaz de estropearlo todo por muy buenos que sean los ingredientes de la receta que esté preparando. Sin embargo, el mérito de ese “cocido” estará en la calidad del chorizo, de las patatas, de los garbanzos, de la berza, de la morcilla, de esa carne que le da consistencia, de la pizca de pimentón que parece insignificante pero que le da el toque de gracia.

El tiempo también tiene un papel relevante. No se puede hacer un cocido en el microondas. No es posible llegar a la cocina, volcar todo en un recipiente, darle a un botón y ya. Deberemos poner a remojo los garbanzos, cortar y lavar bien esa verdura, limpiar y trocear la carne, dejar hervir el agua para echar el fideo.

Hoy me postulo como vuestro cocinero, y poder tener la responsabilidad de no estropear el guiso, la tarea de hacer ver a los demás los excelentes productos que sois, que somos.

Pero lo tengo muy fácil, porque vosotros y vosotras sois los mejores ingredientes que se puede tener. Desde el trozo grande de tocino a esos pequeños fideos, pasando por el chorrito justo de buen aceite, todos sois lo mejor que hay en nuestra despensa. Y además no os habéis presentado aquí así, de golpe. Lleváis creciendo, madurando, dejando vuestro olor, vuestra esencia mucho, mucho tiempo.

Así que me lo habéis puesto fácil. Solo tengo que no quemaros, no aguaros, y lucir allá donde vaya la Estrella Michelín que supone ser el Círculo de Podemos Villaquilambre.


("discurso" en la defensa de mi candidatura a la portavocía del Círculo en los procesos internos de diciembre de 2020)

Los abrazos




Pues sí, me gustan los abrazos,

sobre todo los que duran tres segundos,

esos que recargan el alma,

que te devuelven a ese mar en calma,

que hacen que se unan dos mundos

y animan a estrechar los lazos.



Hay relaciones que se forjan a plazos

seamos de aquí o allí oriundos,

nos dibujan el espíritu a trazos,

consiguen florecer sentimientos más profundos.



No me digas que aún no has probado

a hundir pecho contra pecho.

A mi hay personas que así me han ganado

y desde entonces en mi vida no tienen techo.





Desde el balcón

 



Mañana de Semana Santa, años ochenta, mi abuela asomada al balcón de nuestra casa en la Plaza Mayor de León. El primero, como casi siempre, lleno por vecinos y amigos.
Hoy tocaba procesión, otros días concierto, en ocasiones otra actividad cultural. ¡Qué lujo haberme criado con un palco a las tradiciones leonesas!

Lo extraño es que no estuviéramos todos ya ahí, con ella, o quizá es que ya nos había hecho el chocolate; Migue o Amador habrían traído churros y estábamos dando cuenta de ellos en la cocina antes de acompañarla al evento. “¡Vamos, vamos, venid! Ya están llegando” nos diría, aunque seguramente los tambores y las trompetas nos habrían alertado con anterioridad.


Vivir en la Plaza Mayor de León durante dos décadas fue una experiencia incomparable.
Un gran espacio donde correr y jugar de pequeño, incluso al balón, esquivando a los paseantes, con los bancos como portería, con Fernando de portero/delantero casi siempre, un lugar donde siempre estábamos visibles; donde, con salir al balcón y dar una voz, ya tirábamos para casa.


Pasaron los años, cambiamos el balón y el corre que te pillo por el “¡Vaya la que pillamos ayer!”. Estábamos en la pubertad y vivíamos en el Barrio Húmedo de León, ¿qué más queréis que os explique? 

Recuerdo aquellos años con especial cariño; no había WhatsApp pero teníamos telefonillo en el portal. “¡Oyeee! ¿Bajas o qué? ¡Ya estamos todos por aquí!” Quitabas la bata guateada (¡vaya frío que hacía en aquella casa!), te ponías una trenca y ya estabas en el jaleo. Nunca conocí teletransporte más rápido; pasabas de estar con el brasero bajo la camilla a tomar un cacharro en el Universal en menos de dos minutos.



La foto es de día, eso es evidente; si no, también podría haber sido de alguna noche de aquellas, distraída, en la que llegabas más tarde que el camión de la basura y allí estaba mi abuela, pendiente, porque ella no se dormía hasta que no estabas en casa, como Ana esperando a que Miguel volviera con su barca, pasando horas y horas.

Me gusta escribir con los ojos vidriosos, con “gallina en piel”; porque me hace sentirla, porque me gusta recordarla, porque cada vez que paso por la Plaza Mayor, quiera o no, “levanto la vista y me encuentro con ella. Y ahí está, ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo”.

Mi abuela Tela



¿Cómo ligar en tiempos de pandemia?


Estos tiempos del Covid19 han modificado mucho nuestro día a día en todos los sentidos.

A algunas parejas el confinamiento les obligó a conocerse, a muchos nos enseñó a valorar aún más el trabajo educativo, a otros les sacó a relucir sus dotes culinarias (la harina y la levadura se agotaban en los supermercados) y lo del papel higiénico… ¿alguien tiene una explicación convincente?



De esos asuntos se ha debatido ampliamente en los medios de comunicación pero, y de ¿cómo ligar durante la pandemia?

Entiendo que las nuevas generaciones seguramente lo tienen mucho más fácil, así ha sido tradicionalmente, pero los que ya hemos perdido el “toque”, los que salimos de alguna relación larga o los que ya no tenemos bien “engrasada” la maquinaria del coqueteo (la grasa ya te digo yo donde la tenemos), ¿qué?



Las redes sociales pueden ser un primer paso, las aplicaciones como Tinder y similares pueden iniciar contactos, pero no todo el mundo está preparado para ese tipo de proceso, ni busca relaciones de “aquí te pillo, aquí te contagio”.




Habréis escuchado eso de que los 50 son los nuevos 40, ¿verdad? Para este tema…no sé qué pensar. Lo único que tienes claro, y no es poco, es lo que no quieres, y como dice mi amiga Ruth “te dedicas a buscarle la tara, porque tiene seguro y hay que saber cómo de grande es”.


Otra circunstancia que se da es que cada vez hay más gente como tú, que consulta cocinaparauno para ver qué prepara esta semana. Puede parecer algo positivo –si hay más personas que viven solas, más fácil será entablar nuevas relaciones- pero no es así. La vida nos ha vuelto más exigentes, con más manías, y tan cicateros con los demás como benevolentes con nuestros propios defectos.



Seguiré buscándote entre la manta del sofá, para ver contigo esa serie, para comentar lo que me gusta el libro que estoy leyendo, para hacer “la cucharita” al darme la vuelta a media noche.


Puede que la vida te traiga medio limón cuando lo que estás buscando es “tu media naranja”; no importa, añade un poco de azúcar, hielo y ron, ya verás cómo mejora la cosa. 


Namasté




Si no puedo ser el lápiz que pinte tu felicidad...seré la goma que borre tu tristeza

¿Qué “calzonchos” me pongo hoy?

No sé si esto solo me pasa a mi pero supongo que no, pero como no es un tema muy habitual para comentar con tus cercanos, pues no lo sé bien. De todos modos hoy me ha dado por escribir sobre ello. 

Dice una buena amiga que hay días que le cuesta mucho maquillarse, que el estado anímico le influye mucho. Lo mismo le pasa con el esmero que le pone al peinarse.

En los chicos nos pasa algo parecido con el afeitado, creo yo, porque hay días en los que te ves con el guapo subido, crees que te vas a comer el mundo, te afeitas, te pones eso que crees que te sienta bien…y hay otros que te tiras encima lo primero que pillas, no tienes ninguna gana de afeitarte y te duchas porque ya te das bastante asco a ti y no quieres dárselo demasiado al resto del mundo.

Con la ropa interior pasa también algo parecido. ¿Quién no tiene en el cajón, calzoncillos que son más feos que el Fari comiendo limones? Y así y todo, ahí están, al fondo, o no tanto –depende del volumen del cesto de la ropa sucia- diciendo “no me tires, que igual me tienes que usar”


Luego tienes los de “la ocasión”; ¡pobre infeliz! Esa que nunca llega, o que si llega te va a pillar con los del “mercadillo”. Son esos chulísimos, sensuales, alguno incluso con mensaje, como si le hiciera falta a la que los está viendo, que harían que ella se quedara mirándolos como los peques que alucinan más con el papel de regalo y la caja que con el juguete que va dentro (os voy a decir una cosa, llegada una edad, esto es totalmente normal, vale más la pena el envoltorio que lo que guarda).


Te da pena ponerlos porque se gastan, y entonces perderán ese brillo, esos tonos y esa forma que a ella le encantarán. Y ahí quedan, en primera fila, pero sin ser elegidos cuando abres el cajón.

Y ellos pensarán lo mismo que ese doble licenciado con tres masters que sale de la entrevista de trabajo donde le han dicho “su currículum es extraordinario, quizá demasiado para este puesto; ya le avisaremos cuando tengamos algo que encaje en sus aptitudes”.

Él se dirá “pero si yo lo que quiero es trabajar, que el mes próximo ya no tengo ni para el alquiler”

Algo así nos pasa con el bóxer que compraste en aquella boutique de moda.


Luego están los de la clase media, los del montón del día a día. Son de los que echas mano sin pensar mucho. Sencillos, cómodos, a ti te gustan. No conquistarás a nadie gracias a ellos pero, no sigamos engañándonos, tampoco lo vas a hacer con los que luce Roman Khodorov, así que...


El caso es que esta semana he pasado por todos los estados de ánimo posibles, cosas del otoño quizá, o de la situación que estamos viviendo y los frentes abiertos que tenemos que manejar como “circo de tres pistas” y eso, sin darme cuenta, ha venido acompañado de un tipo de ropa interior.

Habrá sido el subconsciente, ¿qué sé yo? Pero la realidad ha sido esa.

Un consejo (vendo y para mi no tengo): usad el cómodo, si es bonito, mejor, si es el da la boutique, también. Si llega el momento, si llega ella, deberás haberla conquistado por mucho más que eso.

Y no olvides, el tamaño sí importa, pero el del corazón.

Namasté

Empanada de Cecina, queso de cabra y mermelada de pimientos.

Parece ser que hay gente a la que le ha sorprendido esta "variante" de las empanadas tradicionales.
Yo creo que es una combinación de sabores espectacular, y que además usa productos de nuestra tierra, que nos gustan habitualmente por separado y que son de una tremenda calidad.

Tengo que empezar diciendo que, por supuesto, se puede hacer la masa para la empanada en casa, pero en este caso yo me he ido a lo más fácil porque además me encanta como queda este hojaldre en cuestión.

Los pasos para hacer esta receta no tienen ningún misterio, pero los voy a detallar a continuación:


1. Espolvorear un poco de harina por la bandeja del horno o poner el papel que trae la masa enrollada (o ambas cosas) para evitar que se pegue la masa.


2. Extender la masa hojaldrada por la bandeja del horno.


3. Cubrir toda la base con CECINA DE LEÓN troceada en porciones "de bocao" como digo yo, para que al morder la empanada no te lleves media cecina.


4. Colocar varios trozos de queso de cabra de forma estratégica para que al cortar porciones siempre te lleves algo a la boca. Se puede cubrir en su totalidad pero yo, en este caso, voy completando espacios con queso rallado.



5. Cubrir todo lo anterior con mermelada de pimientos (si puede ser casera, mucho mejor).


6. Tapar con la parte superior de la masa hojaldrada y enrollarla por los laterales para que "no se escape na".


7. Agujerear con un tenedor la parte superior de la masa para que la empanada "respire" dentro del horno.


8. Pincelar la masa superior con yema de huevo.


9. Introducir en el horno (previamente precalentado a 200º) durante 20 minutos a 180º y finalizar con un par de minutos de grill para tostar la parte superior.





Compartirla con alguien a quien quieras (te puedo asegurar que sabe mejor)

Qué os aproveche!!


Felicidades "compi Yogui"...y muchas gracias.

Hace poco más de un año que nos conocemos, un año intenso, con grandes cambios, con mucho trabajo, muchas decisiones que tomar, muchas alegrías y alguna decepción...lo llaman "vivir"

Ha sido una etapa en la que nos han dado la vuelta como a un calcetín, en la que hemos pasado de la comodidad del "sofá" a la indignación de la calle, de leer los diarios con incredulidad a dar un paso para intentar cambiar esas noticias, de ser uno de los que se quejaban de los que estaban en las instituciones a tener la responsabilidad de representar y no fallar a cientos de personas que han puesto su confianza en ti.

He tenido la suerte, el privilegio, de hacer ese camino al lado de la mejor persona que me podía acompañar en una aventura así.
Su honestidad, su perseverancia, su capacidad de trabajo, la vehemencia con la que defiende lo que cree justo y la rabia ante las injusticias y desigualdades que nos rodean han sido el faro que guía al que navega, como yo, en un mar hasta ahora desconocido.

Yo la llamo cariñosamente "hormiguita"; será pequeña -por fuera- pero no se puede ser más grande por dentro; incansable, tenaz, decidida y con mucha más fuerza de la que aparenta.

En ocasiones discrepamos, tenemos distintos puntos de vista, y ello supone reafirmar los argumentos, buscar apoyos firmes en lo que defiendes; no va a ser fácil convencerla de que modifique su idea inicial (no os la aconsejo como rival). 

Es un lujo y un privilegio tenerte a mi lado, o estar al tuyo, e intentar cambiar "Un País contigo".

Gracias por tanto que das; gracias por estar ahí. Seguimos.

El Nuevo Congreso

El pasado 13 de enero se configuró un nuevo Congreso de los Diputados en nuestro país.

La velocidad con la que se atropellan los acontecimientos políticos y sociales en los últimos tiempos quizá no nos ha permitido detenernos a valorar un acontecimiento que estoy seguro que marcará una época, una tendencia, y que valoraremos como histórico en un tiempo no lejano.

La llegada en bici de los diputados de Equo/Podemos, la charanga que acompañaba a Compromís, Carolina Bescansa subiendo a votar con su bebé en brazos no dejan de ser anécdotas de lo ocurrido en ese día, pero son también un reflejo de que la gente corriente, nuestros vecinos, nuestras amigas, ese compañero de la refinería o el que antes perseguía con la cámara a “sus señorías” han traspasado las barreras detrás de las que se han estado atrincherando durante tanto tiempo y por fin ocupan un espacio desde el que ser nuestros altavoces, nuestros “carteros del cambio” que trabajan desde el minuto uno por y para todos, no sólo para los que más tienen. 

Comenzamos con el Parlamento Europeo, seguimos con los Parlamentos Autonómicos, por los Ayuntamientos, y por fin llegó el día para el que habíamos nacido.
Como nos dijo Sabina “tenemos los pies en el barrio, y el grito en el cielo, más de cien palabras, más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas, más de cien pupilas donde vernos vivos”

En nuestro caso la satisfacción tiene que ser doble; una de nosotras, con la que hemos recorrido pueblos y mercados, que ha tenido siempre el mismo entusiasmo para defender nuestras prioridades (ya sea ante 300 o ante 9 personas), nuestra vecina y amiga Ana Marcello lleva con orgullo el nombre de León y la voz de los más desfavorecidos por el hemiciclo. 

La pueden despreciar, insultar como hicieron ese día, y al mismo tiempo nos desprecian y nos insultan a nosotros, porque nos tienen miedo, porque somos el pueblo, “olemos” a pueblo, y eso es a lo que le tienen miedo, al pueblo que toma las instituciones para devolverlas a la gente, para que sirvan a quién les elige, para que defiendan a los que menos tienen, para hacer una sociedad más justa, más humana y más democrática.


Compañera Ana, compañeros todos, no decaigáis, la frente alta, la mirada limpia, el paso firme, porque tenéis a millones de personas empujando, animando, dándoos fuerzas…porque su odio es nuestra sonrisa.

Ya sabemos que “sí se puede”, y que tú, ANA, "no estarás sola".

Seguimos.

"Las desiertas abarcas" (Hoy Día de Reyes)


"Por el cinco de enero, cada enero ponía mi calzado cabrero a la ventana fría.

Y encontraba los días que derriban las puertas, mis abarcas vacías, mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos, ni trajes, ni palabras: siempre tuve regatos, siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza, me lamió el cuerpo el río y del pie a la cabeza pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero, para el seis, yo quería que fuera el mundo entero una juguetería.

Y al andar la alborada removiendo las huertas, mis abarcas sin nada, mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado tuvo pie, tuvo gana para ver el calzado de mi pobre ventana.

Toda gente de trono, toda gente de botas se rió con encono de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta cubrir de sal mi piel, por un mundo de pasta y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero de la majada mía mi calzado cabrero a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas hallaban en sus puertas mis abarcas heladas, mis abarcas desiertas".

Poemas sueltos IV. (Miguel Hernández)


Cuando lo normal se convierte en extraordinario

En uno de esos días entre fiestas de Navidad y Año Nuevo ocho compañeros de "trabajo" y además todas y todos vecinos de Villaquilambre se reúnen en un restaurante muy conocido de ese mismo municipio para comer, gastarse bromas, comentar la actualidad tras las recientes Elecciones Generales y echar unas risas.

Durante la comida se hacen fotos, colocan una de la compañera que no ha podido acudir, se ríen por la ocurrencia y le mandan mensajes de que la celebración parece un homenaje a la ausente, se hacen más fotos en el café, incluso ven una pintada del Che Guevara a la salida y se "inmortalizan" a su lado. Como es tradicional en los tiempos que corren, cuelgan las fotos en las redes sociales y las comentan en un tono desenfadado.

¿Les extraña algo en lo relatado? ¿No parece lo más normal en estos días? ¿No realizan el mismo "ritual" miles de personas en estas fechas?

Sólo hay un pequeño matiz que lo hace "extraordinario" y que suscita rumores, críticas y descalificaciones: el grave pecado que han cometido esas nueve personas es ser concejales de distintos grupos políticos de un mismo municipio.

Aquí es cuando vemos que "lo normal es extraordinario", y que nos queda tanto por avanzar en la normalidad democrática...

Estamos tan acostumbrados a que nuestros políticos se reúnan en restaurantes exclusivos, en salones reservados, alejados de los demás y evitando que nadie se enteren de lo que hacen, que ya ni nos sorprende ni lo criticamos; lo habitual es que como mucho pensemos  "¿qué estarán tramando? Ya se están repartiendo sillones, cargos y pasta"  y sigamos a otra cosa.

Los y las que pensamos que otra forma de hacer política es posible creemos que se puede hablar, intercambiar opiniones, ideas, proyectos con quien piensa de manera diferente, que se puede compartir mesa y mantel (con luz y taquígrafos) con los que llevan otras siglas, porque QUEREMOS; SABEMOS y PODEMOS hacer las cosas de otra manera, porque hay muchas más cosas que nos unen de las que nos separan: todas y todos vivimos en Villaquilambre, nos ganamos la vida con nuestros trabajos (no con la política) y perseguimos esa utopía de que nuestros pueblos estén cada día un poquito mejor, más limpios, más cuidados, con más servicios para la nuestras vecinas y vecinos, y así conseguir que no se vayan a otros sitios, sino que haya más personas que quieran venir a vivir con nosotros.

Lástima que todo lo anterior, que debería ser lo normal, se vea como extraordinario.

Gracias Tania, Carmen, Ana, Ramón, Rubén, Ana Rosa, Jorge y Elena por entender esto de la misma forma.

Felices Fiestas

Gracias Safer, y perdón.

Por si alguien no sabe quién es Safer puede leer AQUÍ LA NOTICIA


Hola Safer

Hoy no es un domingo cualquiera para ti -estoy seguro- como no lo es tampoco para miles, para millones de personas; hoy todavía nos quema la desazón de la rabia, de la cólera, de la incomprensión por los actos que tus hermanos de religión han llevado a cabo en nombre de su dios, de un dios que no puede ser tal si se mata en su nombre.

Hoy te habrá costado salir de casa, habrás visto París de una forma diferente, habrás sentido en ti las miradas de desconfianza, de rencor, de culpabilidad que te meten en el mismo saco de víboras donde habitan los terroristas de ISIS.

Yo hoy quiero decirte que no todos somos así; no todos te vamos a mirar con recelo; la gente que me acompaña, los que esperamos nos represente en las instituciones después del 20 de diciembre sabe lo que estás pasando, lo que está sufriendo tu pueblo, huyendo cada día de lo que a nosotros nos aterroriza alguna que otra maldita vez.
Ese es vuestro día a día allí, lo sabemos, y por eso te quiero pedir perdón, por pertenecer a una sociedad que ha pretendido implantar en tu tierra la libertad y la democracia, términos occidentales, como quien implanta un McDonald´s en Damasco.

Hoy te pido perdón yo a ti, si, nosotros a tu pueblo, por decir en 2003 “vamos a sacar a esa gente de la edad de piedra”, sin tratar de comprender, sin tratar de ayudar, de colaborar, sólo pensando en nuestros intereses y en perpetuar a cualquier precio nuestro estilo de vida.

Pero hoy quiero también transmitirte que vamos a ser más fuertes que ayer, más duros e implacables con los que se atrevan a asesinar en tu nombre y en el de tu pueblo.

Sabemos que quieren usar nuestra democracia para destruir nuestra democracia, y no se lo vamos a permitir.

Y por último, y quizá lo más importante, hoy quiero darte las gracias por estar tras la barra de LE CARILLON, y por salvar de la muerte a las dos mujeres a las que arrastraste hasta el sótano, esas dos europeas que hoy viven gracias a ti, aunque si no te conocieran puede que hoy te miraran al pasear por París con el miedo y el resentimiento de quien no entiende nada de lo que ha sucedido.

Gracias Safer